Ayudar al prójimo jamás puede ser una imposición. El servicio y la ayuda que damos siempre será una forma de abrir puertas de bondad para nosotros mismos.

Actualmente, vivimos en una sociedad muy egoísta, que busca su propio fin, pero no tiene la primicia de amar al prójimo y ayudarle. Esto no debería ser así. 

Cuando caminamos bajo el concepto de “ayudar a los demás”, viviremos de forma más placentera, podremos comprender lo que Jesús hizo en esta tierra, que fue servir a los demás con amor y compasión, para dar libertad a los necesitados. 

La grandeza de una persona está en el servicio. 

Mateo 20: 26-28 

26 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, 27 y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de los demás; 28 así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

 Si el señor te ha dado un cargo, o una posición, si has alcanzado algunos logros en tu vida, no puedes dejar que la vanidad te domine, o que te sientas ya superior a los demás. Al contrario, esto puede ser tu mejor excusa para servir a los demás. 

El mismo Cristo lavó los pies de sus discípulos, y este es el gesto de amor, humildad y servicio más grande que encontramos en la Biblia. El siendo el hijo de Dios, nunca pensó que tal hecho lo podría minimizar. 

Es así como debemos en todo tiempo creer que el servicio es algo valioso, y no podemos dejarnos a un lado. Si queremos marcar trascendencia en esta tierra, si queremos ser recordados, si en verdad deseamos cambiar el mundo, entonces debemos mantener una conducta de servicio. 

Y el servicio no es más que hacer un favor a alguien más. Ceder el asiento, abrir una puerta, tener un gesto de bondad, ayudar al necesitado, visitar a las viudas, acudir y orar por un enfermo, hacer un gesto de amor, todo esto es parte del servicio que la sociedad necesita. 

Comienza por casa 

1 de Timoteo 5: 8 El que no provee para los suyos, y sobre todo para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.

El servicio comienza por casa, se buen esposo o esposa, sé buen hijo. Colabora en los quehaceres del hogar, ayuda a los que están a tu alrededor. Combina la empatía, el amor y el servicio dentro de tu hogar, para que así pueda reinar la paz. 

Ayuda a todos los que conviven en el mismo hogar, no permitas que la indiferencia y la división reinen en tu hogar. Dios siempre estará al control, siempre y cuando mantengas la actitud correcta. 

Ayuda al prójimo 

Santiago: 1: 27 La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es ésta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo. 

En esta sociedad hay mucha gente afligida, por lo que debemos estimular la compasión ayudando siempre al más necesitado. Habrá gente que necesita un bocado de pan, como Jesús alimentó a la multitud, pero existirán otros que solo necesitan un abrazo, una palmada, una palabra de aliento. 

No permitas que la frialdad te impida ver el dolor ajeno, pues mucha gente está necesitando de Cristo, mucha gente necesita encontrar a Dios y tú puedes ser ese instrumento de Dios. 

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