Lucas 19: Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. 2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, 3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. 5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. 6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. 

Zaqueo era un publicano, recaudador de impuesto, algo que realmente lo alejaba de la fe, o de la gente que deseaba constantemente encontrarse con el Señor; pero en esta historia vemos que su mucho dinero, le causó la misma necesidad de ver al mesías. 

A causa de la multitud y su estatura, Zaqueo sabía que debía hacer algo más para ver al maestro, por eso cuando supo dónde iba a estar, corrió subió a un árbol y desde allí deseaba contemplarle. 

Algo inquietó a Zaqueo, tal vez era un hombre de mucho dinero, pero con las mismas necesidades espirituales que los demás. Cuando Jesús lo ve, lo primero que le dice es “desciende”. 

Zaqueo, antes de conocer al maestro estaba en una posición que para el sistema romano era muy alta, pero para el maestro era tan natural, como la posición del mendigo en capítulos anteriores. Es por ello que antes de seguir, le pide que “descienda”, porque es necesario que el pose sobre su casa. 

La actitud de Zaqueo fue descender a prisa y recibirlo lleno de gozo. Este hombre sabía que en Jesús estaba la salvación y no le importó la murmuración de los demás, para él lo más importante era recibir al maestro. 

Para muchos esta era un llamado no debido, pues para ellos Zaqueo era un pecador; pero para el Maestro las opiniones externas no importaban. 

Ahora bien, lo que quiero rescatar de este pasaje es que Zaqueo, el recaudador de impuesto, era un hombre que estaba sediento por ver a Jesús. Esa necesidad que todo hombre tiene de encontrar la salvación y que nada de lo material podrá ayudarlo a encontrarse con lo eterno. 

Su necesidad de ver al Mesías, fue lo que hizo que el espíritu santo orquestara su encuentro con él. 

Y así muchas veces pasa con nuestras vidas; si de verdad queremos tener un encuentro divino, debemos comprender que lo primero es tener sed por su presencia. Es ese anhelo ferviente que nos hará correr a prisa, para encontrarnos con el Señor; es tenerlo como prioridad todos los días de nuestras vidas. 

Salmo 107: 9Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien al alma hambrienta.

Dios siempre estará dispuesto a saciar nuestra alma, a llenarnos de bien. Así como sucedió con Zaqueo, muchas veces el Señor nos hace descender de lo que creemos que está bien, para tener un encuentro genuino con su presencia.

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