¿Qué significa ser un hijo conforme al corazón del Padre? ¿Qué características tiene una persona que agrada a Dios con su vida? ¿Qué ejemplo podemos seguir para ser como él quiere que seamos? Estas son algunas de las preguntas que nos podemos hacer cuando pensamos en nuestra relación con Dios. 

Una de las personas que nos puede inspirar a responder estas preguntas es David, el rey de Israel, que fue llamado por Dios “un hombre conforme a mi corazón” (Hechos 13:22). Pero, David no fue perfecto, pues cometió muchos errores y pecados, aunque también supo amar a Dios, adorarle, buscarle, arrepentirse y obedecerle. 

Por ello, en este artículo vamos a ver algunas de las características de los hijos que son conforme al corazón del Padre, basándonos en la vida de David y en lo que dice la Biblia.

Características de los hijos que son conforme al corazón del Padre

  • Mantiene una vida de adoración

Una de las características más sobresalientes de David fue su pasión por adorar a Dios, pues desde joven, David tocaba el arpa y cantaba salmos al Señor, expresando su amor, su gratitud, su alabanza y su confianza en él. Sin embargo, David entendió que la adoración no es solo una actividad que se hace en un lugar o en un momento determinado, sino una actitud del corazón que se manifiesta en todo lo que hacemos. 

La adoración es reconocer la grandeza, la bondad y la soberanía de Dios, y rendirle toda la gloria que le corresponde. También, es ofrecerle a Dios lo mejor de nosotros mismos, nuestros talentos, nuestros recursos, nuestros planes y nuestros sueños. Es decir, agradar a Dios con nuestra vida, tal y como dice el salmista: “Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; Contaré todas tus maravillas. Me alegraré y me regocijaré en ti; Cantaré a tu nombre, oh Altísimo” (Salmo 9:1-2).

  • Busca la presencia de Dios a diario

Otra característica de David fue su anhelo por estar en la presencia de Dios, porque sabía que sin Dios nada podía hacer, que él era su fuente de vida, de fuerza, de sabiduría y de paz. Por eso, buscaba a Dios todos los días, orando, meditando en su palabra, escuchando su voz y obedeciendo su voluntad. 

David no se conformaba con tener experiencias esporádicas con Dios, sino que quería vivir en comunión constante con él. Además, no se dejaba llevar por las circunstancias, por las presiones, por los problemas o por los placeres, sino que ponía a Dios como lo primero y lo más importante en su vida. 

David deseaba estar en la casa de Dios, en su santuario, en su presencia, más que en cualquier otro lugar, tal y como lo expresa: “Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmo 27:4).

  • Reconoce sus errores

Otra característica de David fue su humildad para reconocer sus errores, pues recordemos que no fue un hombre sin pecado, al contrario, cometió graves faltas que ofendieron a Dios y a los demás. De hecho, David adulteró con Betsabé, la esposa de Urías, y luego mandó a matar a este para encubrir su pecado. 

David también hizo un censo del pueblo sin consultar a Dios, lo que provocó una gran plaga que mató a miles de personas, y tuvo problemas familiares, como la violación de su hija Tamar por parte de su hijo Amnón, y la rebelión de su hijo Absalón, que intentó quitarle el trono. Sin embargo, David no se justificó ni se endureció ante sus errores, sino que los reconoció y los confesó delante de Dios. 

Es decir que David no se escondió ni huyó de Dios, sino que se acercó a él con un corazón contrito y quebrantado. Asimismo, David no se desesperó ni se condenó por sus errores, sino que confió en la misericordia y el perdón de Dios, y esto lo podemos apreciar en uno de sus salmos: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades, borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:1-3).

  • Practica un arrepentimiento genuino

Otra característica de David fue su sinceridad para arrepentirse de sus pecados. Es decir, David no solo reconoció sus errores, sino que también se arrepintió de ellos, pues el arrepentimiento no es solo sentir remordimiento o tristeza por lo que hemos hecho, sino cambiar de actitud y de dirección, alejándonos del mal y acercándonos al bien. 

El arrepentimiento implica dejar de hacer lo que desagrada a Dios y empezar a hacer lo que le agrada. También, implica restaurar la relación con Dios y con los demás, pidiendo perdón y haciendo las debidas reparaciones. 

De igual modo, es aceptar las consecuencias de nuestros actos, pero también recibir la gracia y la restauración de Dios, y esto lo podemos ver en el siguiente salmo: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:17-19).

  • Está siempre dispuesto a darle lo mejor a Dios

Otra característica de David fue su generosidad para darle lo mejor a Dios, pues no escatimó en ofrecerle a Dios lo que él le había dado, sino que lo hizo con alegría y con liberalidad. Además, David no se conformó con darle a Dios lo mínimo o lo que le sobraba, sino que le dio lo máximo y lo que más valoraba. 

Como dice el rey: “Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. Porque nosotros, extranjeros y advenedizos, somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cuál sombra que no dura. Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo” (1 Crónicas 29:14-16).

  • Se somete a sus autoridades

Otra característica de David fue su respeto por las autoridades que Dios había establecido, pues no se rebeló ni se sublevó contra el rey Saúl, a pesar de que este le perseguía y le quería matar. Además, David no se aprovechó de las ocasiones que tuvo para acabar con la vida de Saúl, sino que las desaprovechó por temor a Dios. 

La razón de ello, es que David no se atribuyó el derecho de juzgar o de vengarse de Saúl, sino que lo dejó en las manos de Dios. De igual modo, David no se enalteció ni se enorgulleció cuando fue ungido como rey, sino que esperó el tiempo y el modo de Dios. 

También, David no se resistió ni se quejó cuando fue corregido o reprendido por los profetas, sino que aceptó su palabra y su disciplina. Esto es debido a que no se consideró superior ni inferior a nadie, sino que reconoció que todos somos iguales ante Dios. Todo esto lo podemos evidenciar en el siguiente pasaje: “David hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y no se apartó de nada de lo que le mandó, en todos los días de su vida, excepto en el asunto de Urías heteo” (1 Reyes 15:5).

Conclusión

Ser un hijo conforme al corazón del Padre es el mayor deseo y el mayor privilegio que podemos tener como cristianos. No se trata de ser perfectos, sino de ser fieles, es decir, no se trata de hacer obras, sino de tener amor, de vivir una relación personal con Dios, basada en el amor y temor genuino. 

De hecho, así como David fue un hombre conforme al corazón de Dios, nosotros también podemos serlo, si seguimos su ejemplo y la palabra de Dios. Basta con mantener una relación cercana con Dios y procurar agradarle en nuestro diario caminar. Que el Señor nos ayude a ser como él quiere que seamos, y que podamos decir como el salmista: “Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová” (Salmo 27:8).

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