Como iglesia es imperante comprender que fuimos creados y diseñados por Dios para estableces un modelo de adoración que no solo se viva en nuestro hogar sino que trascienda a las familias de la tierra, por algo la biblia dice y “Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur, y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente» Génesis  28:14.

Adoración no es cantar, es manifestar un estilo de vida de excelencia, de principios es un renovar de adentro hacia afuera, de nuestra manera de pensar y vivir sabiendo que cada acción conlleva una adoración a Jesús. 

Es traer el reino de los cielos a la tierra como nuestro Señor lo ha encomendado. Podemos ver en Romanos capítulo 14 verso 17 que “El reino de los cielos es mucho más, porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. 

Entonces partimos de algo, adoración trascendente es manifestar en donde quiera que estemos justicia, paz y gozo. Es hacer las cosas en la tierra como en el cielo. 

Si como individuos podemos transformar de adentro hacia afuera entonces podremos ver que ese cambio llegara a muchas familias, porque es en el corazón en donde comienzan las guerras, pero también es allí en donde se gesta la modificación profunda de las naciones.

Si como hijos de Dios cultivamos hábitos distintos, entonces estos se convertirán en una cultura para nuestras vidas y generaciones lo que llevara a levantar una adoración trascendente.

El cambio se produce de adentro hacia afuera

No podremos ver lo nuevo en las familias si nosotros no lo buscamos primero, no veremos una nación cambiada si primero una familia no ha declinado a costumbres viejas por abrazar una nueva vida en Cristo Jesús.

Así como para sembrar una planta necesitamos preparar la tierra, lo mismo pasa con nuestras vidas y casas, en la tierra encontraremos malezas, piedras, obstáculos y estos son necesarios removerlos para sembrar la planta, tal cual sucede en nuestros corazones, debemos pedirle a Dios que saque de nuestras casas hábitos y costumbres incorrectas si queremos que el padre nos utilice para bendecir otras familias y para que nuestra adoración trascienda.

Cuando nos determinamos a seguir a Jesús y adorarle con nuestro ser, entonces somos personas auténticas que no son dominadas por estados de ánimo ni por vientos contrarios porque tenemos juicio cabal y buscamos manifestar justicia, paz y gozo. 

Dios está buscando verdaderos adoradores que lo hagan en espíritu y verdad. Juan 4:23-24 “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. 

Dios le agrada vernos adorarle él se complace cuando nuestras vidas cambian, progresan y avanzan porque él quiere lo mejor para nosotros y anhela que demos de gracia lo que por gracia hemos recibido.

Santidad es necesaria para adorarle

Cuando hablamos de adoración esta concatenado a la palabra ofrenda, muchas veces pensamos que adoramos a Dios con acciones pero si en nuestro interior hay cosas que no están bien, o hay falta de santidad en algunas áreas de nuestras vidas entonces estamos equivocados porque Dios no puede ser burlado y él es celoso con sus hijos.

El padre ama al pecador pero aborrece el pecado. 

Lamentablemente muchos hogares mezclan hábitos oscuros y ocultos con santidad y ambas cosas con como el agua y el aceite, no pueden mezclarse.

El siguiente texto es muy fuerte pero necesario leerlo y que cada hijo de Dios pueda grabarlo en su corazón porque la palabra dice que sin santidad nadie vera a Dios. 

Mateo 7 21 No todo el que me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Entonces les declararé: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!”. 

Este texto no busca condenar nuestras vidas al contrario nos lleva a revisar cada acción, pensamiento y entregarlo delante del padre para que él pueda trabajar en nosotros.

Porque Dios no busca altivos que digan que le aman, El busca hombres, mujeres y familias con un corazón contrito y humillado delante de Él. 

Que nuestros labios honren a Dios y nuestro corazón está cerca de su presencia, que la adoración que sale de tu hogar refleje el sonido del espíritu santo y pueda llegar a los corazones de muchos hogares, que tu adoración trascienda.

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