Santiago 2:“14 Hermanos míos, ¿de qué sirve decir que se tiene fe, si no se tienen obras? ¿Acaso esa fe puede salvar?”

El trabajo de las obras en cuanto a nuestra salvación ha sido un tema discutido desde hace siglos y muchos suelen tomar este texto para manipular lo que el apóstol Santiago dijo sobre el tema. No dice que podamos comprar la salvación con buenas obras, aunque esto sea lo que nos han enseñado.

Lo que busca que comprendamos es cómo la fe y las obras trabajan de la mano, ilustrándonos con un ejemplo práctico, para que no hablemos de la fe, sino para que la vivamos.

Una fe muerta 

El apóstol cuestiona y señala que de nada sirve decir que se tiene fe si esta no está acompañada de obras que lo reflejen. Y ciertamente tiene razón nunca podríamos conocer cuan verdadera es la fe de una persona si esta no es colocada en acción de alguna manera.

La fe en Cristo representa mucho más que hacerse llamar cristiano, significa que se cree totalmente en lo que él hizo y predico. Esto quiere decir que sus palabras son para guardarse, obedecerse y practicarse, por tanto, no es concebible que quien dice creer en él no lo muestre en obras.

Cada característica del carácter de Jesús está repleta de acción, el amor, la bondad, la compasión y muchas otras fueron evidenciadas en su andar. Por esta razón, el apóstol deja claro que no es lógico decir que se cree sin obras que acompañen esta fe porque brotan naturalmente.

Tu salvación no puede ser obtenida por hacer obras, pero si conociste a Jesús y te hizo salvo, esto trae consigo una transformación de corazón que te lleva hacer buenas obras.

Un ejemplo muy claro 

El apóstol ilustra de forma muy práctica el cómo opera la fe muerta de algunos, estos aseguran creer, pero cuando se les presenta la ocasión de mostrar en lo que creen lo ignoran. El hecho de que alguien vea a un hermano en necesidad y teniendo como ayudarlo lo ignore quiere decir que realmente no tiene fe.

Si su fe fuera verdadera actuaría como Cristo aplicando la bondad, dándole de lo que tiene para saciar su necesidad. Todo el que cree en Jesús verdaderamente busca vivir y actuar como él actúa, esto provoca que constantemente el corazón esté trabajando para buenas obras en todo tiempo.

Cuando la fe es real vivimos preguntándonos qué haría Cristo y esto nos lleva a actuar, hace que compartamos nuestro alimento con el necesitado, que busquemos de cubrir al que está desnudo, que ayudemos al desvalido, que defendamos al que tratan con injusticia.

La fe trae por resultado que nunca estemos quietos porque la transformación que su amor provoca en nosotros, nos motiva a amar al prójimo, siendo este el motor que impulsa las buenas obras. Esta verdad es tan innegable que en la carta a los Efesios 2:10 el apóstol pablo lo dice directamente.

Muéstrame tu fe 

Hablar de la fe resulta fácil, cualquiera puede decir que cree, pero mostrarla es la verdadera tarea a la que debe dedicarse el cristiano. Cuando la fe se manifiesta en obras es notorio que se cree en Jesús porque la mayoría no actúa como él actúa y si lo imitamos esto habla más que las palabras.

La fe no puede quedarse encasillada en frases o afirmaciones vacías, si las palabras no se convierten en acciones, esta carecerá de vida y verdad. Dios quiere que sus hijos vivan la fe, que amen, ayuden, cuiden, alienten, compartan, conforten, que en todo se dediquen a obrar por amor a Cristo.

Solo por fe podemos ser salvos, pero si la salvación está en ti, entonces tu fe traerá por fruto buenas obras.

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