La Biblia nos enseña que Dios es un Dios de orden, que creó todas las cosas con sabiduría y armonía, y que espera que sus hijos vivan de acuerdo con su voluntad. Por lo tanto, el orden no es solo una cuestión de organización o disciplina, sino también de obediencia, paz y bendición. 

En este artículo veremos qué dice la Biblia sobre el orden y cómo podemos aplicarlo a nuestra vida cotidiana. Por ello, si no te caracterizas por ser ordenado y deseas cambiar este aspecto de tu vida, entonces sigue leyendo.

El ejemplo de Dios al ser un Dios de orden

Dios es el creador y el sustentador de todas las cosas con sabiduría y armonía, y las mantiene por su poder y providencia. Además, la Biblia nos dice que “en el principio creó Dios, los cielos y la tierra” (Génesis 1:1), y que “todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). 

También nos dice que “en él todas las cosas subsisten” (Colosenses 1:17), y que “él hace todas las cosas conforme al consejo de su voluntad” (Efesios 1:11). Sin embargo, Dios no solo es el autor del orden, sino que todo lo que él hace es bueno y perfecto y tiene un propósito y un plan para cada cosa que crea, y nada escapa a su control o a su conocimiento. 

La Biblia nos muestra como Dios ordenó cada elemento de la creación y estableció el orden en su pueblo, Israel. También, reveló su orden en su Hijo, Jesucristo, quien es “la imagen del Dios invisible” y manifestó su orden en su iglesia, que es el cuerpo de Cristo.

El ejemplo de Dios al ser un Dios de orden nos inspira y nos desafía a vivir como él quiere, a imitar su carácter y a seguir su voluntad. Como dice Pablo: “Sed imitadores de mí, así como yo lo soy de Cristo” (1 Corintios 11:1).

Los beneficios de ser ordenado y los versículos bíblicos que lo sustentan

Ser ordenado tiene muchos beneficios para nuestra vida espiritual, mental, emocional y física y algunos de estos beneficios son los siguientes:

Ser ordenado nos ayuda a honrar a Dios con nuestra vida

Como dice Pablo: “Haced todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Al ser ordenados demostramos que somos buenos administradores de lo que Dios nos ha dado, que somos fieles y prudentes con lo que tenemos. También, demostramos que somos agradecidos por sus bendiciones y que buscamos su gloria en todo lo que hacemos.

Ser ordenado nos ayuda a tener paz con Dios, con nosotros mismos y con los demás

Como dice Pablo: “pues Dios no es {Dios} de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). De hecho, al ser ordenados evitamos el caos, el estrés, la ansiedad, el conflicto y el desperdicio que produce el desorden. Además, experimentamos la tranquilidad, la armonía, la seguridad y la prosperidad que produce el orden.

Ser ordenado nos ayuda a ser más productivos y eficientes

Como dice Salomón: “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas” (Eclesiastés 9:10). Al respecto de ello, al ser ordenados aprovechamos mejor nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestro trabajo, nuestro estudio, nuestro hogar, nuestra salud, entre otros. 

También, al ser ordenados hacemos todo con excelencia, diligencia y gratitud, reconociendo que todo es por la gracia de Dios.

Cómo mantener el orden en mi vida y en mi casa

Mantener el orden en nuestra vida y en nuestra casa no es una tarea fácil ni rápida, pues requiere esfuerzo, constancia y voluntad. Pero, también requiere gracia, sabiduría y ayuda. Por eso, aquí te damos algunos pasos que puedes seguir para lograrlo:

Pide a Dios que te ayude a ser ordenado

Reconoce que sin él nada puedes hacer (Juan 15:5) y que todo lo puedes en Cristo que te fortalece (Filipenses 4:13). También, pídele que te dé un corazón dispuesto a obedecerle y a honrarle con tu vida, que te dé sabiduría para discernir lo importante de lo urgente y lo necesario de lo superfluo. Asimismo, que te dé gracia para vencer la pereza, la indisciplina o el desánimo.

Establece prioridades claras y metas definidas

Decide qué es lo más relevante para ti, lo que quieres lograr y lo que te hace feliz. De igual modo, ordena tu vida según tus valores, tus principios y tus sueños, y establece metas específicas, medibles, alcanzables, valiosos y con plazo. 

Otra buena opción es escribir tus metas y revísalas periódicamente, evalúa tu progreso y celebra tus logros.

Organiza tu tiempo, tu dinero, tu trabajo, tu estudio, tu hogar y tu salud

Planifica tu día, tu semana, tu mes y tu año y para ello, haz un calendario, una agenda o una lista de tareas y asigna un tiempo para cada actividad y respétalo. Pero, no te olvides de cumplir con tus compromisos y responsabilidades, y evita la procrastinación, la distracción o la improvisación. 

También es necesario que inviertas y gastes tu dinero con sabiduría. Igualmente, debes ordenar tu espacio de trabajo o de estudio, mantener limpio y ordenado tu hogar y cuidar de tu alimentación, tu ejercicio y tu descanso.

Simplifica tu vida, elimina lo innecesario, lo que te estorba o te agobia

Deshazte de lo que no usas, no necesitas o no te gusta, y dona, vende o recicla lo que puedas. De igual modo, reduce el consumo, el desperdicio y el desorden, y aprende a decir no a lo que no te conviene o no te aporta. Tampoco te olvides de agradecer lo que tienes y disfruta lo que haces.

Conclusión

La vida ordenada de un cristiano debe reflejar el carácter de Dios, que honra a Cristo y que edifica a los demás. En este sentido, el orden es una bendición y una oportunidad para vivir en paz, armonía y prosperidad y es una forma de adorar a Dios con nuestra vida.

Por eso, te animo a que busques el orden en tu vida y en tu casa, siguiendo los pasos que te hemos dado y pidiendo la ayuda del Espíritu Santo. Recuerda que Dios es el autor del orden y que él quiere bendecirte con su presencia y su poder. Que el Señor te guíe y te guarde en todo lo que hagas. Amén.

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