Jesús, mi Señor y Salvador, hoy vengo a tus pies para darte gracias. No fue un día perfecto, pero fue un día lleno de tu presencia. Aun cuando me sentí débil, me diste fuerzas para seguir. Que mi descanso sea un encuentro contigo, y mis sueños reflejen tu amor. Cubre mi mente con tu calma, y mi corazón con tu ternura. Gracias por amarme tal como soy. Amén.