Muchas veces nos preguntamos cómo nos ve Dios, qué piensa de nosotros, qué siente por nosotros. La razón de ello, es que a veces nos sentimos indignos, imperfectos, rechazados y solos. Pero la verdad es que Dios nos ve de una manera muy diferente a como nos vemos nosotros mismos. 

Dios nos ve con amor, con gracia, con misericordia, con propósito, porque al ser redimidos por la sangre de Jesucristo, Dios nos ve como su hijo amado. En este artículo vamos a ver cuatro aspectos de cómo Dios nos ve, basados en lo que dice su Palabra, la Biblia.

Dios te ve como su hijo amado (Juan 1:12-13)

Lo primero que debes saber es que Dios te ve como su hijo amado. Sí, como su hijo, no como un extraño, no como un enemigo, no como un esclavo, sino como su hijo. De hecho, la Biblia dice en Juan 1:12-13: “Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. 

Esto significa que cuando recibes a Jesús como tu Salvador, naces de nuevo, y pasas a ser parte de la familia de Dios. De esta forma, Dios te adopta como su hijo, y te da todos los derechos y privilegios de serlo. 

Esto implica que Dios te ama con un amor eterno, incondicional, perfecto, y que te conoce por tu nombre, te cuida, te protege, te provee, te corrige, te bendice. Además, Dios se deleita en ti, se goza contigo, se comunica contigo, te escucha, te responde. 

Por lo tanto, recuérdalo siempre, Dios te ve como su hijo amado, y nada ni nadie podrá separarte de su amor.

Dios te ve perfecto y santo (Hebreos 10:14)

Lo segundo que debes saber es que Dios te ve perfecto y santo, es decir, no imperfecto y pecador, no manchado y culpable, no sucio y condenado, sino perfecto y santo, porque ya Cristo nos ha limpiado con su sangre y nos ha justificado. La Biblia dice en Hebreos 10:14: “Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. 

Esto significa que cuando Jesús murió en la cruz por tus pecados, pagó el precio completo de tu redención, y te limpió de toda culpa, de toda mancha, de toda condenación. Asimismo, Jesús te dio su justicia, su santidad, su perfección. 

Por lo tanto, Dios te ve a través de Jesús, y te acepta, te aprueba, y te justifica de tus pecados cometidos anteriormente. Esto implica que Dios no te ve como eres, sino como serás, es decir, que no te ve según tu pasado, sino según tu futuro, y nada ni nadie podrá acusarte ni condenarte.

Dios te ve como linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido (1 Pedro 2:9)

Lo tercero que debes saber es que Dios te ve como linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido. Es decir, como linaje escogido, porque no eres un desecho, ni un accidente, o un error, sino un escogido de Dios. 

También te ve como real sacerdocio, porque no eres insignificante, ni ignorado, ni marginado, sino alguien de la realeza, porque eres el hijo del Rey de reyes. Asimismo, te ve como nación santa, es decir, no como una nación corrupta, o rebelde, o perdida, sino como una nación santa, no formas parte del sistema del mundo, sino que eres parte del Reino celestial. 

En cuanto a pueblo adquirido, es porque has pasado a ser pertenencia del Dios Divino, y has sido sellado con la sangre de Cristo como propiedad del Dios eterno. Esto lo podemos corroborar en 1 Pedro 2:9: “Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. 

Esto significa que Dios te ha llamado, te ha elegido, te ha separado, te ha comprado, para que seas suyo, le sirvas, le alabes y le glorifiques. Es decir, Dios te ha dado una identidad, una dignidad, una autoridad, y una responsabilidad. 

¿Qué hacer ahora que sé cómo Dios me ve?

Ahora que sabes cómo Dios te ve, ¿qué vas a hacer? Te invito a que creas lo que Dios dice de ti, no lo que el mundo, el diablo o tú mismo dices de ti. También, te invito a que vivas conforme a lo que Dios te ha hecho, no conforme a lo que eras antes de conocerle. 

En conclusión, Dios te ve de una manera maravillosa, y quiere que tú también te veas así. Dios te ve como su hijo amado, como perfecto y santo, como linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido. No dejes que nada ni nadie te haga dudar de cómo Dios te ve. Cree lo que Dios dice de ti, y vive en victoria. ¡Que Dios te bendiga!

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