Padre de bondad, no quiero cerrar los ojos sin darte gracias. Gracias por la vida, por las personas que pusiste en mi camino y por las lecciones que hoy aprendí. Si mis fuerzas no alcanzaron, las tuyas me sostuvieron. Dame descanso y calma. Que al dormir, mi espíritu te adore y mi alma descanse bajo tu cuidado perfecto. Todo lo que soy te pertenece, Señor. Amén.