Salmos 137: 3He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. 4 Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. 5 Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado, cuando hablare con los enemigos en la puerta.

Escucharás en muchos lugares hablar sobre los roles de los padres y los hijos, pero aquí desde una perspectiva bíblica, te ayudaré a entender cuál debe ser nuestro trabajo como guías y sacerdotes de un hogar. 

Además de proveer económicamente, educar y guiar, los padres tienen la responsabilidad de inculcar a sus hijos la comunión con Dios, el respeto y darles siempre el afecto necesario. 

Estamos frente a una sociedad de padres ausentes, y cuando digo padres me refiero a mamás o papás que aunque están presentes en el hogar, la comunión con sus hijos es poca o muy escasa. 

Cuando un niño recibe la atención merecida en el hogar, y se le enseñan principios como los que te mencioné, verás a un hombre sano dentro de la sociedad, porque todo empieza en la niñez y en la educación o crianza que se les dé a los pequeños. 

Si como la biblia dice que nuestros hijos son nuestra herencia, entonces así debemos verlos, como la extensión de nuestro mañana, por eso lo importante de tener una educación y crianza efectiva. 

El primer papel de los padres es la crianza. Basados en lo que dice la biblia en Efesios 6: 4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

Todo padre debe buscar y anhelar criar a sus hijos, ayudándolos en sabiduría y principios de Dios. Es la mejor forma de poder garantizarles una vida plena. 

Hoy en día estamos frente a una sociedad muy consumista, donde por error pensamos que los muchos regalos pueden suplir las necesidades de los hijos. Muchos padres se enorgullecen de decir que a sus hijos no les falta nada, pero la ausencia más atroz es aquella que mostramos aun con nuestra presencia, pero nunca estando. 

Hace un tiempo conocí a una madre joven, que había dejado la crianza de su hijo en manos de su madre. Su excusa era que debía trabajar para proveer a su hijo, y es una excusa muy válida.

Lo veía solo algunos fines de semana cada 15 días, en un tiempo muy corto. El niño más que regalos, buena ropa y buena comida, solo anhelaba compartir con su madre. 

Así pasa muchas veces hoy en día. Nos preocupamos más en lo material que le podamos dar a nuestros hijos, que en el afecto, el cariño y lo espiritual sobre sus vidas. Entonces negociamos su crianza con terceros, para solo suplir lo económico, sin ni siquiera pensar en el enorme vacío que le dejamos a nuestros pequeños con nuestra ausencia. 

En la crianza diaria, el padre va enseñando cosas esenciales del hogar, las responsabilidades del colegio, algún hábito que quieran inculcar. Si esto no está en sus vidas de adulto, entonces no hemos tenido una crianza efectiva. 

El siguiente rol de los padres es la enseñanza. Desde el hogar se enseñan valores, principios y todo aquello que se manifestarán dentro de la sociedad. Por ejemplo el respeto. 

Una conducta irrespetuosa de un adolescente viene de casa, bien sea porque sus padres no se lo enseñaron y lo siempre consintieron sus caprichos, o solo dejaron la tarea en manos de otros. 

Efesios 6: 2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

En el hogar es donde los padres enseñan a sus hijos el principio de honra y respeto. Es donde podemos comenzar a enseñarles el respeto que merecen los demás. 

Y por supuesto que está el rol de proveer, pues todo padre debe estar atento a las necesidades económicas del hogar. 

Por eso la biblia dice en Génesis 3:17 “Tendrás que conseguir la comida por medio de duro trabajo, durante todos los días de tu vida”

La manutención de un hogar debe venir de sus padres, luego que los hijos crecen y se pueden valer por sí mismos, siempre deben ayudar a sus padres con el nivel de honra que está en sus corazones. 

Finalmente, no podemos olvidarnos que la mejor forma de educar a nuestros pequeños es a través del ejemplo. Un niños se quedará con tus acciones, con la forma en cómo te enfrentaste a la vida, ellos copiaran todo de ti. 

Sin duda, los hijos son una bendición, pero también son un tesoro de Dios que debemos cuidar, que debemos aprender a amar, pero sobre todas las cosas, que debemos acercar a DIOS y llevarlos a extender su propósito en la tierra. 

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