Lucas 7: 37 – 38

“Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume.”

Uno de los mayores actos de adoración que nos relata la Biblia no tiene un ambiente musical, sino que, más bien, tiene una actitud de la que todos nosotros deberíamos aprender. En este pasaje se nos relata cuando una mujer se acerca a Jesús mientras cenaba como invitado en una casa, y se postra a sus pies para lavarlos con perfume de nardo y sus lágrimas y enjuagarlos con sus cabellos.

Hay mucho que podemos aprender de esta adoración que logró conmover el corazón de Jesús y que nos enseña como levantar una adoración que sea del agrado de Jesús.

La actitud de un adorador

En el versículo 36 se nos relata que una de las primeras acciones de la mujer, al ver a Jesús, fue postrarse a sus pies. Esto nos habla de una completa humillación, pues en cualquier cultura, postrarse implica una completa humillación al reconocer al ser ante quien te postras, como alguien superior a ti.

De la misma forma, al postrarnos ante Jesús le reconocemos no solo como alguien superior, sino que le reconocemos como siervos y que Él es nuestro Señor. También representa un total quebrantamiento del orgullo y del ego, pues esta es una posición despreciable que implica despojarse de lo que creemos ser y de lo que tenemos para reconocer que somos pequeños ante su grandeza.

Esto más que realmente arrodillarse ante Dios, implica que presentemos ante Dios todo lo que somos y representamos y rendirlo a los pies de Dios, declarando que todo está a su servicio y disposición. Es decir, es el mayor acto de entrega y disposición.

Una actitud de quebrantamiento

En el versículo 36 también se nos indica que la mujer lloró ante la presencia de Jesús, por lo que podemos deducir que ella estaba realmente conmovida por lo que estaba pasando. Con ello también comprendemos que un adorador ante la presencia de Jesús necesita una unción de quebrantamiento.

El llorar es una de las manifestaciones de la presencia de Dios en la vida de una persona y representa un quebrantamiento del orgullo. Por lo general, mientras una persona llora en la presencia de Dios, es porque el Espíritu Santo está trabajando en él.

Por lo tanto, cuando nos acercamos a Jesús, no podemos resistirnos a su obra en nuestras vidas y debemos estar dispuestos a llorar y quebrantar nuestro corazón en su presencia. Tomemos en cuenta que un espíritu de quebrantamiento abre el camino a la presencia de Dios.

Le dio la honra a Dios con su mayor símbolo de honra

El siguiente acto de adoración que hizo esta mujer, fue que secó los pies del maestro con sus cabellos. El cabello de las mujeres en la cultura hebrea es un símbolo de honra, por lo que es normal que ellas se lo dejen crecer y lo cuiden, pues representa una de las mayores virtudes de su belleza.

Es decir, para una mujer, era impensable que sus cabellos tocaran los sucios pies de un hombre que camina habitualmente por el desierto polvoroso. Pero, esto no le importó a esta mujer y como un acto de humildad y entrega total, secó los pies de Jesús con ellos. Con ello, la mujer reconocía que toda la honra, le pertenece a Jesús, pues se despojaba de lo que representaba su honra humana.

El beso que indica proximidad

Este fue un acto de adoración revolucionaria, pues avanzando en el versículo 36, la mujer no solo secaba los pies del Maestro, sino que también los besaba. Un beso representa una expresión de amor e intimidad, pero también es una expresión de cercanía y familiaridad.

Esto podría ser escandaloso por el sitio donde estaba esta mujer, pues estaban en medio de una reunión de hombres y no era bien visto que una mujer besara de esa manera a un hombre. Sin embargo, esto no le impidió dar una adoración íntima, extravagante y llena de amor, a través de sus besos.

Vaso de alabastro con perfume muy caro

Un vaso de alabastro con perfume de nardo era considerado el perfume más costoso de aquella época. Esto podría representar el sueldo de un hombre en varios años, por lo que solo podían acceder a esto las personas ricas, gobernantes o reyes.

Sin embargo, esta mujer lo rompió para lavar los pies de Jesús, sin importar su gran valor. Esto nos habla del gran nivel de entrega de esta mujer solo para agradar el corazón de Jesús, ¿tú que estarías dispuesto a entregarle a Jesús?

El resultado de este acto de adoración

Lucas 7: 50

“Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.”

Con el solo acto de adoración, Jesús se conmueve, perdona nuestros pecados, te sana y te devuelve la identidad. Esto solo es posible cuando la adoración es dada en Espíritu y en Verdad, pues mueve el corazón de Jesús, pero también mueve su mano a tu favor para defenderte como Él lo hizo con esta mujer.

Todos los derechos reservado a APLICACIONES CRISTIANAS