“Esto os mando: Que os améis unos a otros.” Juan 15:17.

Antes de ir a la cruz, el Señor Jesús les compartió muchas enseñanzas a sus discípulos. ¡Cuántas cosas tenía que decirles el Maestro! ¿Cuál sería la mejor recomendación a sus seguidores para que pudieran permanecer unidos? ¿Cómo decirlo en pocas palabras para que nunca se les olvide?

Así es que Jesús les da un mandamiento. No es una recomendación, no es una opinión, tampoco es una declaración filosófica que hay que saber interpretar. ¡Nada de eso! Es una orden que debe acatarse sin excepciones: Debemos amar.

Creo que habrás escuchado que hay varias palabras griegas para expresar el tipo de amor que podemos compartir. Eros para el amor romántico, fileos para el amor por afinidad, y ágape para el amor que viene de Dios. ¿Quieres adivinar a cuál de las tres se refiere el Señor? Pues sí, al amor ágape. Amar sin esperar nada a cambio. Amar sin condiciones. Amar a pesar de las circunstancias. Amar unilateralmente, aunque no haya reciprocidad. En otras palabras, amar como Jesús nos ama.

El Señor no le da este mandamiento a la gente que no lo sigue. No, es un mensaje para sus discípulos, los que le han recibido en su corazón como Salvador y Señor de sus vidas. Por eso, no podemos pensar que los que no han tenido un encuentro con Jesús amen con este amor. De hecho, Él nos dijo que esperemos del mundo más bien aborrecimiento que amor.

No podemos esperar “sentir” para amar. Recordemos que es una orden. Pero, ¿amar a los que nos hacen daño, o a una persona tóxica? Bueno, Jesús nos dijo que debemos amar a nuestros enemigos. “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). No pudo ser más claro.

El amor de Cristo me lleva a perdonar a quienes me hicieron daño, entregando esa situación injusta al Señor para que Él se encargue. Sin rencores, sin amarguras, sin deseos de venganza. El amor lo hace posible.

No puedo pedirle a Jesús que me dé amor para amar, porque Él ya me lo dio. “…el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:5). Lo que debemos hacer es negarnos a nosotros mismos y obedecer la Palabra con la ayuda del Espíritu Santo.

Los que aman como Jesús, son los únicos que realmente hacen una diferencia en este mundo. Ese amor es el único que puede transformar vidas para su gloria.

Cortesía Pastor Pablo Giovanini
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